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Descanso

Desde el domingo que corrimos en Valencia no me he vuelto a calzar las zapatillas, no he cogido la bici, ni la raqueta de pádel y por supuesto no he pasado por la piscina. Me he instalado en la desidia y la haraganería más absoluta y lo bueno es que no me disgusta, a ver si voy a descubrir a estas alturas que he nacido para vaguear.

Creo que no, y con el tiempo volveré a la vida activa, hasta entonces dejo en vustras manos esta página que he intentado que no muera durante bastante tiempo, contando entrenamientos, sensaciones y vivencias.

Espero buscar nuevo objetivo pronto que me motive, cuando lo encuentre aquí estaré para comtarlo.

E

Dispuestos a encajar algún infortunio más y después de echar la mañana trabajando, Jesusmiamigo y yo nos pusimos en camino hacia Valencia. Una hora de Ave y dos de espera en Chamartín, para enlazar con otro Ave que nos dejaría en Valencia a las 8 de la tarde.

Y como estaba escrito, la maldición del 13 comenzó a actuar, a la entrada en el tren me piden la tarjeta de familia numerosa, busco, busco y no encuentro y un “gordo cabrón” me dice que si quiero viajar en ese tren me de prisa en sacar el billete sin el descuento. Subo a taquillas, con un cabreo del 10, y me comentan que tengo que pagar el exceso no sobre mi billete barato, sino sobre el más caro; sin otra opción que protestar le digo a la amable señorita que lo haga y según la muy ca… me dice que el sistema se le ha venido abajo y que no puede hacer nada. Imagino que mi cara cambió del cabreo encendido a la desesperación, en diez minutos el tren se iba, se apiadó entre comillas de mí y le pasó el trabajo a su compañera que lo pudo solucionar poniendo 45 euritos encima del mostrador. Con una mirada de las que derriten icebergs me piré a toda leche de taquillas con el rabo entre las piernas y sin poder reclamar nada y mi fiel amigo allí me estaba esperando sin subir al tren, a pesar de que le había ordenado que si no llegaba se pirase sin mí, eso es un amigo.

La cosa iba según el guión previsto, había empezado mal y seguía de la misma forma. Puestos en faena nos tocaba un descarrilamiento o caída del sistema eléctrico del tren, pero gracias a Dios no ocurrió nada especial y llegamos a Valencia. De la estación al hotel y de allí directamente a cenar, sin ni siquiera deshacer la mochila. Mientras cenábamos recibimos de la organización un mensaje dándonos la bienvenida y con la probabilidad de precipitación para el domingo, un 70 %. Agua íbamos a tener sí o sí, lo que no sabíamos era la cantidad y para abrir boca descargó un tormentón con rayos y centellas de todo tipo mientras volvíamos al hotel.

Pues estaba claro, el final de la maldición del 13 era que nos iba a tocar hacer el maratón con un exceso de hidratación. Con esta idea en la cabeza nos fuimos a la camita y al despertarme a las 6 llovía ligeramente, desayuné como mandan los cánones tres horas antes de la partida, cerré la persiana y me volví a la piltra mientras Jesusmiamigo deambulaba por la habitación. Cuando me levanté y volví a abrir la ventana el milagro se había obrado, estaba casi despejado y con poca pinta de que inicialmente fuese a llover. No me lo podía creer, ¿nuestra suerte iba a cambiar?, pues sí, ¡qué buena sensación ir a la salida en manga corta!

En la salida, me despido de Jesús con un abrazo, ya sabéis que el prefiere la compañía femenina en las carrera y ya había quedado con la mujer de Gerardo para acompañarla un buen rato. Me planto en el cajón con uno de los amigos frustrados de NY, con idea de hacer cada uno nuestra carrera y después de la primera salida nula vivida en un maratón y siete minutos después de maniobrar (un pasito para atrás de 9000 tíos debe ser complicado y después otro más complicado…) nos pusimos en marcha. Empecé pensando hacer los primeros kilómetros a 4.50, pero no vi el primer kilómetro hasta el 3 cuando ya estaba a 4.40. Intenté bajar de ritmo, pero el dejarte caer con mucha gente alrededor es complicado, te llevan y no puedes. A partir del 9 y hasta el 19, ya sin tanta gente, bajé el ritmo un poquito a 4.45. A partir de ahí, subí un poco la velocidad, 4.30-4.35, hasta que en el 32 me di cuenta que no podía con esos ritmos y poco a poco fui bajando y ya casi en el final un par de kilómetros me salieron a poco más de 5. De cabeza no fui muy fino, pensando demasiado toda la carrera y con ganas de pararme en los 5 últimos, con un dolor en el empeine derecho cada vez que iniciaba la zancada. Al final echando más narices que fuerza, casi contando metro a metro, me planté en los 200 metros de tarima sobre el agua que marcan el final del maratón para acabar con 3:18:33.

Con la sensación de haber podido con la maldición del 13 y la del deber cumplido después de los meses de entrenamiento, me voy de Valencia muy contento. No son las marcas de hace años, mis dos sub3, pero he corrido relativamente deprisa, con cabeza para aguantar los malos momentos y en un maratón muy bonito. Digo bonito, no por el recorrido que no lo es (sólo el final es espectacular y con la que llevas encima casi ni lo aprecias), sino por la gente, muchísima y con muchas ganas de animar; por la organización, avituallamientos perfectos a los dos lados, con mucha personal trabajando; y por los voluntarios, qué bonito es que después de más de tres horas zapateando llegues a la meta y te encuentres una sonrisa mientras te ponen una medalla y te preguntan cómo estás y eso 9000 veces. Repito un maratón que en organización y animación no tiene que envidiar a alguno de los grandes que he corrido fuera.

Jesúsmiamigo, después de compartir 26 km con Celia y Choco a ritmo de 5.15-5.20 decidió descolgarse para hacer su carrera, con mucha cabeza cogió su ritmo para acabar en 3.56, que serían 3.53 si no fuese porque es un señor y se paró 3 minutos a esperar a su compañera mientras hacía un pis. Le tengo dicho que debe ir con hombres que somos mucho menos complicados en todos los sentidos. De todas formas un carrerón.

Como está mandado y merecido nos metimos una buena paella postmaratón y de allí directitos al tren donde mi compañero se pimpló dos gintonics para celebrar el final del Maratón de Nueva York.

E

Cuando las cosas empiezan mal, es difícil que se enderecen, después de lo de Nueva York y tras embarcarme en la nueva y rápida aventura de Valencia, ayer me pasé el día encerrado en el baño con una gastroenteritis de caballo que me ha dejado hecho un trapo y para rematar, leo en todos los pronósticos del tiempo que el domingo vamos a tener una mañanita interesante con agua para dar y regalar; nos mojamos seguro y mucho. Supongo que con esto tenemos suficiente, no es necesario ningún contratiempo más.

Aunque no soy supersticioso y jamás pensé que el número trece daba mala suerte, o si lo hacía yo era inmune a su efecto, puede que todo se deba a una conjunción astral y a mi presencia en el maratón del número maldito. De lo que estoy seguro es que Valencia lo corro, aunque solo sea para que el próximo sea el catorce y todas mis desdichas no se las pueda achacar a un simple número. Éste lo corro para que corra el escalafón y ya que estamos no dejar 19 semanas de preparación tiradas a la basura.

La semana pasada 65 kilómetros.

E

17 y Nueva York

Después de resolver las dudas sobre si Sandy, sin h, nos iba a dejar volar a Nueva York y de que su alcalde el miércoles declarase en rueda de prensa que el maratón se celebraría, el jueves muy tempranito, carretera y manta, nos plantamos en Barajas con la seguridad de que el domingo íbamos a participar en la carrera más multitudinaria y divertida del mundo.
La llegada a NY, la esperábamos caótica con colas en el aeropuerto, traslados penosos hasta Manhattam, pero nada de nada. A los tres minutos de salir de la Terminal estábamos sentados en nuestro taxi camino del hotel y si no es porque el taxista se equivocó no hubiésemos tardado mucho más de lo normal de un traslado en situación normal. Por el camino por la zona de Jersey vimos lo único que recordaba el paso del huracán con árboles caídos y alguna carretera cortada, pero nada más.
Al día siguiente, con el jet lag instalado y despierto desde las 4 de la mañana salí a trotar por la parte exterior de Central Park, el parque estaba cerrado, para dejar las piernas preparadas para el domingo. En la parte final la adrenalina se me disparó al pasar por la zona donde estaban instalados los camiones de las televisiones y los operarios preparando la zona de meta. Después de una duchita nos dirigimos a la Feria del Corredor para recoger dorsal y hacer alguna comprilla. Nada hacía presagiar que cinco horas después iban a cancelar la carrera, cuando uno de mis amigos me llama y me dice que encienda la tele, me quedé a cuadros al ver a todas las cadenas con el rotulito inferior indicando que el maratón había sido cancelado.
Podemos hacer consideraciones de todo tipo, de si no era el momento más oportuno, de si desplazábamos medios necesarios… y puedo estar de acuerdo en mayor o menor medida, pero lo que es intolerable es hacernos trasladar un miércoles con el beneplácito del señor alcalde y 36 horas después, cuando 30000 personas que vienen de todas partes del mundo ya se encuentran en la ciudad, decirnos que esto no se celebra. Es de un buenismo poco realista invocar, como se ha hecho desde la organización y la ciudad, a la solidaridad de de los runners cuando ya estamos allí, nos hemos gastado un pastizal en vuelo y hotel y seguiremos gastando como gilipollas en restaurantes y compras de todo tipo los días que estemos en la ciudad, a eso le llamo yo negocio redondo. Si a cualquiera de nosotros se nos hubiese pedido una ayuda antes de empezar la carrera no dudo que el 99% la hubiese dado, pero ahora cuando nos piden a cada participante una donación de 26.2 dólares (son la millas del maratón), ahora no, me siento estafado por la organización del maratón, por el alcalde y por la ciudad. La zona de la carrera estaba perfecta para poderse haber realizado, pero tuvieron miedo al impacto político a tres días de las elecciones y los que lo hemos pagado hemos sido los tontos que habíamos viajado para correr, porque otos grandes eventos, como NBA; NFL, teatros de Broadway, Ópera no se han cancelado, consumiendo los mismos recursos que la no celebrada carrera. Al fin y al cabo la carrera no es más que un evento privado que cada uno nos pagamos de nuestros bolsillos, aunque sea por un espacio público, como puede ser cualquiera de los que antes he nombrado y que no se han cancelado, en el que los recursos necesarios los pagamos nosotros los corredores, no la ciudad de Nueva York (yo pagué casi 300 dólares y los que venían por agencia casi 500).
Como veis continúo encendido desde el día de la suspensión. Sábado y domingo salimos a correr por Central Park. Lo del domingo fue espectacular, los casi diez kilómetros que tiene el circuito estaban plagados de corredores, como si fuese el maratón de verdad, con las camisetas de los países, algunos con los dorsales, con familias aplaudiendo, gente dando vasos de agua… y cada uno corriendo lo que quería, algunos hicieron su maratón completo y otros como nosotros nos dimos dos vueltecitas para hacer nuestro particular medio maratón de Nueva York.
Se que no debiera quejarme, que he salido unos días de casa sintrabajar, que he estado en NY, que me he ido de viaje, que he disfrutado, pero si no puedo contar mi verdad ni a los amigos…

E

16 y Shandy

Son casi las doce del martes y todavía no sabemos si el domingo correremos por las calles de Nueva York o no. Según parece el maratón se va a disputar, pero lo que no está claro es que lleguemos a tiempo. Después de muchas horas de Internet parece ser que mañana abren uno de los tres aeropuertos, JFK con el que opera Iberia, pero nosotros volamos con United Airlines y Newark está hecho unos zorros. Hasta el jueves tendremos que esperar. El problema es que si tu vuelo no sale te recolocan pero nosotros seríamos los últimos de todos y a lo mejor llegábamos el martes, un poco tarde para correr. Como no depende de nosotros lo mejor es pensar que si vamos vamos y si no otra vez será. La organización dice que reservará plaza para los que este año la tenían y no puedan llegar. Ya os contaré.
De la semana 16, con las peores sensaciones de toda la preparación, salieron 62 km con bastante poco arte, debe ser que me lo reservo para el domingo, lo que no se si para NY o para media de Palencia.

E

Solo quedan dos semanas, han pasado quince en las que no me he saltado un entrenamiento y esto debiera estar ya tirado, pero como ya sabéis los que habéis corrido un maratón (que en este foro somos todos) en estos últimos días siempre, siempre, siempre surge algún problemilla. Suelen ser cosas sin importancia como un catarrillo, un dolor raro en algún sitio insospechado, algún problema con el estómago… pero dada la cercanía del evento que llevas preparando lo magnificas y crees que va ser el fin del mundo, que no vas a poder cumplir con lo que querías y hasta te replanteas la forma de correr el día del maratón. Son lo que la gente llama “las cagaleras de la muerte” que a cada uno se le manifiesta de distinta forma.
Nunca fui ajeno a estos episodios y la cercanía de la salida, aunque cada vez menos, me sigue “acojonando” pero lo que me ha ocurrido el sábado no tiene nada que ver con el miedo previo sino que es bastante peor y se debe a mi profunda estulticia. Si señores, porque hay que ser gilipollas para ponerse a jugar este sábado al puñetero pádel cuando quedan dos semanas. Eso hice y me pegó un tirón en la espalda que me tiene como a las muñequitas de Famosa. A pesar de ello el domingo corrí y no me molestó en exceso, fueron solo 10 km en la carrera del CSIC, pero ayer estaba “doblao” y esta mañana no me he atrevido a salir. Espero que se pase cuanto antes, pero esta vez estoy “acojonao” con razón.
De las semanas 14 y 15 poco que contar, la primera en la línea habitual de dos días de series (3×4000, acabando a 4.10 y 12×500), un día de recuperación y el progresivo más largo de la preparación (casi 26 km) y la segunda un día de series (4×3000 acabando a 4.05), otro intentando mantener un ritmo de 4.45 constante, uno de recuperación y la carrera del domingo en 42 minutos para terminar de destrozar mi espalda. Totales 72 y 59 km (poquitos la segunda semana)
No me olvido de felicitar a Gorriti por su treinta y tanto maratón en Bilbao y desearle suerte en su nueva etapa sin la camiseta amarilla de los Trota y a Julián por el paseo que se pegó por Bilbao para hacer la media.
Espero cumplir con mis cuatro días en esta penúltima semana, eso sí, no pienso hacer el 2×6000 al que me obliga Gavela, ni de coña.

E

Trece. Roncesvalles-Zubiri

Como la idea de ir a Roncesvalles era la de correr tranquilo, bueno hacer un rodaje un poquillo alegre, la semana pasada no modifiqué el plan y gracias a ello me cepillé la semana más dura del camino hacia Nueva York.
Me tocaban dos series de 3×4000 y 10×1000, además del rodaje tranquilo y del progresivo que iba a sustituir por carrera del domingo. Ya solo por las series, la semanita prometía, cumplí sin excesiva codicia terminándolas a 4.10 y 4.00, pero lo que yo no pensaba era que en una carrera en la que se bajan casi cuatrocientos metros podía ser tan dura.
La carrera es espectacular, discurre en su totalidad por lo que es la primera etapa del Camino de Santiago, siendo el 90 % por caminos y senderos, donde es difícil incluso adelantar (muchas veces solo es posible ir en fila de a uno y eso hace que al principio tuviéramos que parar en varias ocasiones). El paisaje es de postal, bosques cerrados en los que parece han apagado la luz que cuando se abren te dejan ver el relieve de los pirineos, cruce de puentes colgados en algún riachuelo, pasos por praderas que parecen verdaderas alfombras, buenos y boñigas como ensaimadas de tamaño king size …La organización muy buena, mucha gente para solo 1000 corredores y se notaba que lo hacen con cariño y bastante gente animando para estar perdidos en medio de la montaña, además de los peregrinos a los que les hicimos la puñeta.
Pero si tenemos que hablar de correr, la carrera es un rompepiernas también espectacular, lo que parece plano es un sube-baja constante, tiene cuatro subiditas que se las traen, una de ellas de poco más de un kilómetro en la que se salvan 130 metros de desnivel y donde el amigo con el que iba me pidió que parásemos y la hiciésemos andando (sabia decisión, porque los pocos que subieron corriendo nos sacaron cincuenta metros). Para mi lo más duro no fueron las subidas, al fin y al cabo según mi Fore “solo” subimos 300 metros, sino las bajadas por caminos, por escaleras, con piedras, agujeros y demás familia…he descubierto que no se bajar deprisa y como yo mucha gente porque al llegar veías cada estropicio de piernas, brazos e incluso algunas caras magulladas de las caídas.
Terminamos en 1:45, pero con sensación de que por mucho más que me hubiese esforzado no hubiese reducido ni tres minutos. Y yo además terminé con unos dolores en las piernas que hoy miércoles todavía persisten, más agujetas que cuando terminas un maratón.
Después de los 70 km de la semana 13 solo queda ésta un poco dura, con dos días de series, y después a bajar el ritmo que quedan cuatro.